Mi camino no ha sido lineal.
Vengo de la filología y la traducción,
pero también del mundo empresarial,
del trabajo con personas y de la exploración interior.
Todo lo que he estudiado y experimentado
tiene algo en común: escuchar, interpretar y transformar.
El arte floral llegó como una respuesta natural.
No como una ruptura, sino como una síntesis.
Un lenguaje donde conviven técnica, intuición y emoción.
Hoy trabajo desde un lugar que me llena,
con la certeza de haber encontrado mi forma de expresión.